Abriendo espacios desde el Yoga

“Estaba tumbada boca arriba. Se suponía que iba a ser el momento más gratificante de la clase que me dedicaba aquella mañana de verano. Cerré los ojos y amplié la mirada interna a todo lo que me ofrecía una de mis posturas favoritas: savasana, o traducida “el cadáver”. Estaba confiada, entregada de nuevo al proceso, rindiéndome por completo a la experiencia del yoga. De repente, una voz sabia dentro de mí dijo “sí” y desde ello, sin que mi mente controladora pudiera casi reaccionar, algo abrió. Y algo empezó a fallecer. El arquetipo de la muerte se evidenció y una apertura que conlleva cambio, movimiento y renovación constante, se desplegó desde lo más profundo. Y me solté y me dejé ir…”

yoga relajaciónMás allá del “estar bien”

Muchas de las personas que se inician en el yoga lo hacen con la finalidad de que no les duela la espalda, estirarse un poco o relajarse de tanto ajetreo cotidiano. Buscan estar mejor, al menos un poco mejor. Bienvenidos son todos estos objetivos que por supuesto, también son acogidos por esta práctica milenaria.

No cabe duda que al poco tiempo de empezar se habla maravillas del estado sereno que se da después de una clase o de la ausencia de ciertas molestias físicas. Una apertura corporal, un respirar más consciente, un descomprimir de vísceras; gratas sensaciones que, sin embargo, quedarían bajo el título de  “gimnasia” si no incluimos el resto de la riqueza que aporta el yoga.

Quizás nos acerquemos al yoga queriendo “estar bien”, un cierto bienestar. Cabría entonces plantearse qué implica verdaderamente este anhelo. A veces se entiende como un estado rectilíneo, sin ahondamiento. Se podría caer así en el riesgo de generar apego a un estado anímico soldado a lo inmutable, descartando cualquier variante de intensidad, con la riqueza que nos perderíamos desde ello.

Pero puede darse un día, cuando menos te lo esperas, que al igual que me pasó a mí al final de esa clase veraniega, esta ciencia sabia (y juguetona también) te presente algún que otro desafío. Irás mejorando corporal, energéticamente y a nivel respiratorio durante meses, años, pero quizás llegue un momento en que el yoga te pida más: te pida que seas valiente y te atrevas.  

 

Atreverse a abrir

“Me dejé ir, no estaba segura de qué clase de consecuencia había generado aquel “sí”. Una osadía que comenzaba a abrir sensaciones difíciles de categorizar racionalmente. Pero allí estaba, entregada a savasana, cuando la percepción empezó a ampliarse hacia el deshacer de una parte de mí que ya no me servía. Percibía como si me llamaran hacia algún lugar desconocido. Mis corazas empezaran entonces a despojarse, iba desnudándome de todo aquello obsoleto que por tanto tiempo fui cargando. No había miedo, era cadáver sereno observándose a sí misma: miré al cielo con mis ojos cerrados y sentí la tierra que me sostenía y que al mismo tiempo me iba envolviendo como en una crisálida.

Sin duda, una de las experiencias relacionadas con el yoga que más me aportan es la de “abrir espacios”. Permitir que se desplieguen las diferentes capas. Un des-cubrir que va soltando gran parte de lo desfasado que muy a menudo y de forma inconsciente, tod@s llevamos a cuestas como una pesada mochila.

Se trata de atreverse a decir “sí”, dar la mano a la  conciencia e iniciar un proceso que resulta tremendamente sanador. Sin embargo, esta apertura ya no se basa meramente en estirar músculos o dar amplitud entre discos intervertebrales. El abrir al que se te desafía se basa en la intención sagrada del yoga: permitir espacio para una realidad más auténtica.

Hace falta un cierto coraje para una decisión así, no valen las medias tintas cuando tomas este camino de dar cabida a espacios puros dentro de ti. Para llegar a ese lugar esencial toca traspasar realidades que tuvimos escondidas dentro de nuestra “caja de pandora” durante tantos años (generaciones incluso). Al inicio da realmente miedo, sientes que algo va muriendo dentro de ti y ante tal desafío entran unas ganas tremendas de cerrar, dar media vuelta y “si te he visto no me acuerdo”.

Y todo ello, cuando empezamos a mover aguas estancadas a través del yoga, podemos enfrentarlo y perforarlo con el diamante de nuestra conciencia. Ser capaces de avanzar a otro terreno más libre permitiendo así la evolución que nos aporte un bienestar real. abrir yoga Lo purificador y liberador del yoga

“Siento cómo me transformo aún sin mover de mi postura de savasana. Voy dejando atrás lo que ya caducó mientras hundo en la tierra. Vuelvo a mi querida tierra. Recorro mis yos antiguos, mis linajes, mis ancestros. Voy hacia el centro, hacia la bola que arde. Me dejo ir pacíficamente, ya no resisto, muevo al deconstruir, sueltos trozos rancios de mí mientras desciendo. Ya no resisto, ya no lucho, me siento liberar… Reconozco el fuego en el centro, la fuente que transmuta. Dejar de ser lo pesado, lo limitado, no… ya no lo quiero. Finalmente, desde las llamas, percibo como va emergiendo de mí una vibración más ligera. Tomo unas respiraciones profundas, saboreándolo. Voy renaciendo. Muy lentamente vuelvo al lugar desde donde partí. Aparentemente todo sigue igual, sin embargo, algo ha cambiado… Reconozco los sonidos que vienen de afuera, las luces, el olor a incienso… empiezo a desperezar gustosa… Sí, algo ha cambiado. Siento paz, mucha paz…”

Escribiéndolo ahora me doy cuenta de que suena muy poético, armonioso, pero os puedo asegurar que no es siempre algo fácil de transitar. La apertura de ciertos espacios, el atravesar del ojo de la vorágine destapa un menú considerable de miedos,  incomodidades, demencias acumuladas y sombras varias. Empiezan a saltar todos los sistemas de alarma que mantienen en rígido el estatus quo y la mente no hace más que gritarte: “Sal de aquí, cierra esa puerta, huye!!!”

Sin embargo, sigo y seguiré recomendando esta experiencia. No hay que forzar nada, sencillamente sucede. Quizás llegue el momento en el que estás preparad@, con ganas de decir “sí” y girar la llave. Abrir ese lugar de núcleo, de fuego purificador desde donde, sin atajos, se revela lo más puro e íntegro. Puede que se de observando el vaivén de tus pensamientos en meditación, o preparando tranquilamente la comida, a través de una conversación o, como a mí, en la relajación final de una clase.

A través de mis años como profesora de yoga he podido reconocer algunos de estos “viajes” en mis alumn@s. Personas que llegan con la lícita intención de serenar y estirar un poco y que desde un “click” interno empiezan a destrabar lugares que, como contracturas, tenían bloqueando su potencial personal. Les ayudo a que no se dejen atrapar por el miedo, que sigan respirando lo que hay y que continúen este movimiento con confianza y paciencia.

Observo en ell@s (así como lo hago en mí misma), como el yoga acoge y acompaña más allá de esos lugares adoloridos. Como se empieza entonces a abrir y fomentar un centro poderoso, un vibrar renovado.

Escrito por: Paula Vives Entrena