Al mal tiempo y al buen tiempo… ¿qué cara quieres poner?

Lo que la sabia naturaleza nos ofrece

El otro día viví, regalo de la naturaleza, un fenómeno cuanto menos curioso. Lucía un hermoso sol otoñal y de repente, casi de la nada, se puso a llover. Durante un buen rato pude disfrutar como una niña de esta realidad aparentemente irreconciliable: sol y lluvia.

Respirando estos complementarios, era consciente de lo que mi mente juzgaba como “no posible” y así, me dediqué un tiempo para ciertas reflexiones y sensaciones que van moviéndose en mí en los últimos meses.

En esta temporada, quizás por resonancia con mi propio estado anímico, estoy pudiendo reconocer -personal y profesionalmente-, muchas experiencias que tienen que ver con este combinar de luces y sombras.

Inicialmente, esta oscuridad interior la podemos evidenciar desde un cierto malestar de fondo, un sentir muy baja nuestra energía vital, falta de sentido en lo que hacemos o alteraciones psico-corporales más intensas como insomnio, ansiedad, incluso depresión.

Muchas veces esta realidad más sombría se vive desde la tendencia a la negación, la queja o la huida, algo que creo, no hace más que agravar la situación. Pero también tenemos la oportunidad (y el atrevimiento) de rendirnos a lo que Es, es decir, poder observar y respirar con ecuanimidad esos dolores, miserias y nudos que han quedado atascados a través del tiempo e incluso de las generaciones.

Creo que es una bendición lograr, como en la estampa del otro día, que el sol de nuestra conciencia pueda ir iluminando eso gris que ya no va, dejándolo caer gota a gota. Permitir que las hojas secas suelten en su propio otoño interno lo que quedó enredado y ya no sirve, dejar ir ahora lo que no me permití aceptar entonces y quedaba en un pesado lastre.

Como decía Bebe en una de sus canciones: “No pienso enterrar mis dolores, pa que duelan menos voy a sacarlos de dentro, cerca del mar, pa que se los lleve el viento”

Externamente es, como os decía, un paisaje muy hermoso ese de unir penumbra y luz y creo que si lo logramos recrear dentro de nosotr@s, no será para menos.

yoga feminidad barcelona 3Mente polar

Con la práctica de la meditación yo no sé si he conseguido dejar la mente en blanco (ni en naranja, lila o azul), lo que desde luego sí me ha aportado es un conocimiento mucho más profundo de mi mente y sus hábitos. Y aquella no es más que un reflejo de la “mente humana” y en gran parte entonces, de la mente de esta sociedad que nos contiene y vamos al mismo cocreando. ¿O puede se dé al revés, que sea la sociedad la que vaya creando la influencia en cada un@ de nosotr@s? A mi entender la influencia se va dando desde ambos lugares retroalimentándose, pero sea como sea, creo que es evidente la relación entre lo personal y lo social a nivel mental.

Otro de los grandes aportes de la meditación para mí, a partir del enfoque hacia una vida más consciente, es el tener más oportunidad de enfrentarme (ponerme en frente) a la realidad que Es: no la que me gustaría que fuera, no la que debería de ser, no la que la gran mayoría apoya que sea. Y así reconocer, como dice mi mantra granaino favorito, que “Lo que éh, éh”.

Así, cuando logro desacelerar un poco mi mente y observarla a través de esa herramienta maravillosa que nos aporta el yoga con la consciencia testigo, puedo reconocer muchos de los polares, de lo irreconciliable, de todas esas luchas y batallas internas que vamos, día a día, alimentando.

Y a menudo nos pasa que cuando aparecen los grises, nos situamos rápidamente en el polar del “No”: “No, esto no puede ser así”, “no, esto debe de cambiar ya”, “no, hay que salir rápido de aquí”, “no, me voy a ir al sí para no ver el no”. Y sin embargo, todas estas nubes siguen estando ahí.

Hay entonces un alto riesgo de caer en el rechazo, la huida o la negación. Es como quien tiene un florero delante y no le gusta nada, por lo que sea. Entonces la mente empieza su cantinela: “No, no es de verdad… no tendría que estar ahí… no puede ser que exista… yo quiero un cuenco y no un florero, porque un florero es malo, muy malo y lo malo, encima, está muy mal”.

Algo así nos pasa con el denominado (o juzgado) “mal tiempo”, sea el que sucede fuera o el que pasa en naturalezas internas.

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Otro ejemplo de estas tendencias -y de cómo se relaciona nuestra mente humana polar y el contexto social que habitamos- se me ofreció el otro día cuando, caminando por la calle, muy cerca de donde estaba se cayó una abuelita. Y debió ser un buen golpe pues no hacía más que gemir de dolor, con la cara ensangrentada y sin posibilidad de movimiento mientras que esperaba a la ambulancia.

A mí me resultó cuanto menos curioso el hecho de que l@s que estaban alrededor no pararan de repetir la misma frase: “No pasa nada, no pasa nada, no pasa nada…”

Que yo me preguntaba, ¿de veras piensan que esta señora se va a creer eso de que no le pasa nada? Y por muy buenísima intención que tuvieran tod@s l@s allí presentes con ese comentario ¿realmente le valdría de algo intentar negar el dolor por el que se estaba retorciendo la pobreta?

Sí, ya sé que se lo decían con todo el cariño del mundo tratando de ayudar sin duda. No lo juzgo, pero me pareció bastante peculiar el episodio y me hizo reflexionar bastante sobre ciertos hábitos y tendencias casi inconscientes que, en resumido, llevaba a esta buena gente a intentar hacer ver que allí no había dolor.

 

Desde el yoga, desde la conciencia

El yoga es para mí una excelente herramienta de conocimiento hacia la profundidad de quien soy. Me ayuda a establecer un diálogo más sincero conmigo, a través del darme cuenta de todos mis escenarios de luces y sombras y la valía e importancia de cada uno de ellos.

Empiezo a entender así que soy un ser humano polar, y poco a poco voy tomando el desafío de acoger los opuestos, no desde el enfrentamiento irreconciliable que suele generar más malestar y agresividad (hacia el otr@ o hacia mí), sino desde una hermosa danza que enriquezca y potencie lo que tengo enfrente. Afrontar las diferentes tonalidades a través de un complementar que me haga crecer, que me nutra. Igual que lo hace el sol, igual que lo hace el agua bendita que cae del cielo.

Y así quizás, consigamos poner al mal tiempo y al buen tiempo la misma cara: una carita de conciencia.

Escrito por: Paula Vives Entrena

Foto gota: Miquel Sureda

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Comparto estas reflexiones contigo por si algo te puede aportar. No quiero sentenciar ni concluir absolutamente nada, pero como gran experta de la negación que he sido durante muchos años, considero que tengo un cierto bagaje transitando estos espacios y, hasta ahora, el quedarme con “acoger y aceptar lo que es” (quizás para luego transformarlo, pintarlo o darle la vuelta) es lo que más serenidad me ha ofrecido.

¡Bienvenidas sean todas las experiencias!

Un pensamiento en “Al mal tiempo y al buen tiempo… ¿qué cara quieres poner?

  1. Marga

    En recuerdo de ese revelador día de claroscuros:
    “Ésta es mi lucha:
    consagrado al anhelo
    andar errante a través de los días.
    Y después, fuerte y grande,
    con mil filamentos de raíces
    afianzarme hondamente en la vida —
    y a través del dolor
    madurar lejos de la vida,
    lejos del tiempo.”
    (Adviento – 189)
    Rainer Maria Rilke, 1897

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