¿Cómo debiera ser?

“Cuanto más me despojo de cómo creo deben de ser las cosas,
más libre soy para encontrar lo que quiere ser creado a través de mí”
Paloma Todd (Luna de abril)

presenciaÚltimamente me pillo a mí misma pretendiendo que “lo que Es” no sea como en realidad está siendo. Y me he dado cuenta que, como punto de partida, intentar que las cosas sean como “debieran ser” y no como en realidad están siendo, es una fuente enorme de sufrimiento. Devastador. Mordaz.

En mi práctica cotidiana me gusta preguntarme, conscientemente y a modo de mantra: “¿Cómo son las cosas?”. Lo observo, lo escucho. Y lo que contemplo muy a menudo tiene poco tiene que ver con la realidad, sino más bien con un deseo de modificación basado en lo que: “tendría”, “debería”, “así”, “así no”, “qué tal si”, “cuando llegue”, “cuando cambie”, “cuando por fin sea”. Lo que evidencia que, desde el gran anhelo de llegar a Ser, dejo de lado la realidad palpable de lo que YA está siendo.

Estoy hablando de existencia. No de hacer, conseguir o llegar. Si no de existir. Esa infinidad que respiramos a cada instante. Tremendamente amplia, demoledoramente insondable. Una existencia que está siendo más allá de mi deseo o propósito. Existencia encarnada en una vida humana que tiene piel, voz y movimiento.

En esto estamos, sumergid@s en este gran misterio que, como mínimo, parece que toca vivir. Y no sé l@s demás, pero yo tengo que admitir que para mí, en muchas ocasiones, eso de vivir es un gran desafío.

Observando mi mente -mente condicionada, mente polarizada, mente moralizada- reconozco desde ella la tremenda necesidad de entendimiento e interpretación, por no decir de control. Sí, lo admito, necesito controlar: controlar cómo debiera ser la Vida. Y solo ver escrita esta frase me impacta. Me impacta mi gran negación a acoger lo que realmente está siendo a cada instante, la prepotencia de pensar que esto debiera ser de otra manera. Una manera, dicho sea de paso, basada en conceptos vacíos, en palabras bonitas pero que en poco alojan lo íntegro y real de su pronunciar.

Y es parece que está de moda eso de cambiar. Cambiar hacia lo que, supuestamente, sí debiera ser. Y yo me pregunto, ¿cambiar a dónde, a quien, a qué precio? Y si todo está cambiando continuamente, ¿quién soy yo para decidir que el cambio va por aquí o por allá? ¿Pudiera alguna vez ser más creativa y sabia que la propia Vida para determinar la dirección de lo que continuamente se está transformando? ¿Existe realmente un poder transformador que no parta de la aceptación radical de lo que Es?

Evolución, proceso de evolución. En casi lo único que tengo claro en medio de este entramado de indefiniciones, misterios y revelaciones. A ello me rindo. En ello danzo.

Escrito por: Paula*
Foto: Encontré esta preciosa imagen sin autoría. Te agradezco que me comentes si sabes de quien es y añado el nombre.