Comprometerse con la sanación

Hay algo nuevo que está impregnando el aire que respiramos. Es un proceso relacionado con un cambio que, quiero creer, empieza a unirnos como seres vivos.

Y no es que no vea o no quiera ver todas las guerras externas e internas que siguen existiendo con toda su radicalidad y violencia. No es que no sea consciente de las luchas de poder, de los ataques, de los miedos que van conformando y masacrando parte de nuestra realidad.

Reconozco estos paisajes, de alguna forma también los transito. Sin embargo, llevo tiempo intuyendo una realidad que trasciende todo aquello. Un cierto desperece interno, una movilización de la energía hacia otras miradas y otros vuelos. Se trata de la apuesta por invertir en nuevos cultivos. Poner la intención en lo que florece y no tanto en lo que ya está caduco o marchito. Un renacer de la conciencia que, desde el suelo que nos sostiene, tenga esta vez el subrayado en la sanación.

Venimos de la tierra, de la bendita tierra que nos parió, y ésta, en tod@s, tiene una historia propia. Cada cual podrá entonces escuchar de qué hablan sus raíces. Quizás encontremos en ella profundas cicatrices de angustias, abandonos y miedos encarnados. Realidades que nos conforman y que fertilizan (como buena mierda :). Tierra base desde la que ponernos de pie y así poder profundizar en lo nutricio de lo que fue. Aquello en renovación que sube por nuestras piernas y empieza a habitar nuestro cuerpo físico y sutil. Alimento que da la energía para desplegar danzas renovadas. Desde lo que fue, desde lo que hay y hacia lo que estamos avanzando. Como seres individuales y como seres en unidad grupal.

Me encanta sentarme en silencio, cerrar los ojos y sentir el sostén de dónde vengo. Mis raíces: con nombres y caras concretas, las que hablan de linajes, de generaciones, de historias de mil colores y de misterios que se pierden más allá de la línea del tiempo. Mi tierra. La que observo, hacia la que me comprometo en un proceso de transmutación. Mi sanar, su sanar, nuestro sanar.

Tierra propia que habla también del sustento actual, el que está conformado por voces, diálogos y energías que en muchas ocasiones atrapan. Personajes en los que nos enredamos, supuestos lugares de confort en donde vamos generando entropía. Negamos así la posibilidad de un crecimiento auténtico y de la felicidad a la que estamos llamad@s.

Sin embargo, hoy quiero generar un compromiso que vaya más allá de historias pasadas y de realidades caducas. Decido avanzar. Decido experimentar nuevas dimensiones de mi Ser y poner mi granito de arena para que otr@s también puedan hacerlo. Sembrar riesgos, diversiones, aperturas y conexión poderosa con quien soy. Poner el enfoque en un cambio que voy sintiendo, que palpo a mi alrededor. Mujeres y hombres que empezamos a desarrollar un compromiso por la evolución. La propia y la que implica a toda nuestra raza humana.

Para mí no es tanto como debieran ser las cosas o cómo fueron entonces. No es tampoco cómo nuestra mente limitante y miedosa evalúa lo que hay. En mi opinión se trata de la observación de lo que hay y desde ese reconocer de la realidad (que cada un@ verá con sus propios ojos y desde su propia tierra), generar un propósito.

Sabiendo que tengo libertad en mi elección interna, comprometerme con aquello que trascienda mis hábitos miedosos, mis lugares comunes o mis quejas continuas a lo que o a l@s que me precedieron.

Pongo sobre todo ello mis pies desnudos, asiento sobre lo que hay, respiro la tierra que conforma mi pasado y presente, acepto mis pensamientos, fantasmas y personajes limitantes. No los niego, pero ya no los alimento, todo lo contrario, los dejo ir en paz. Y con todo ello y más allá de ello, reanudo mi intención en el brotar de una flor propia con aroma fresco, renovado y auténtico.

Una flor sanada.

Escrito por: Paula Vives Entrena

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Agradezco de corazón a Víctor Morera, a Grazia Suffriti y a mis compis de Yoga Terapéutico por ser fuente de inspiración para estas palabras y esta experiencia de renacer.