El recordar de lo femenino

corazón loreto contrerasQuizás por los juegos que tiene la vida hace mucho, mucho tiempo, decimos, mujeres y hombres olvidar qué es eso de la feminidad. Desatender qué hay de femenino en nuestros cuerpos, actos y relaciones. Relegar a un rincón los ritmos suaves y cíclicos, las gestaciones profundas, oscuras y misteriosas, la versión polar de un@ mism@ esencial para la danza armónica.

Quizás, la magia de todo esto es olvidar… para volver a recordar. Como quien se pone a jugar al escondite para que alguien le encuentre. Me gusta verlo así, cambiar el foco de lo que también pudiera ser vivido como un auténtico drama: el de negar esta cualidad hermosa, compañera fiel e indispensable del masculino. Una vivencia con la que nos relacionamos cotidianamente, venimos de generaciones de patriarcado, el social y el mental que dictamina un contundente “conmigo o contra mí”, que solo un@ puede ganar, que esto es una guerra de dominio.

Sí, también esta lectura es posible. Sin embargo quiero hoy dedicarme el degustar de lo femenino perdido y olvidado desde otro mirar. El juego apasionantemente bello de volver a habitar nuestra feminidad.

Ofreciendo espacios en femenino
Ponerme al frente de espacios que nutran esta visión es siempre un desafío. Yo, mujer patriarcal, gestada y parida desde un útero con estas premisas, educada bajo sus dogmas hacia logros y objetivos con toda la supremacía puesta en lo masculino. Yo, mujer en evolución, que caigo una y mil veces en las prisas desenraizadas por la meta, por el producto, que llevo puesta la coraza y la espada en mi cotidiano y que a veces se me olvida quitármela cuando me voy a dormir. Yo, mujer masculinizada, que aún me sigo pillando criticándome por cursi o “demasiado” emocional cuando mis actos y palabras tienen a ensalzar la belleza de ser femenina. Yo… ¿qué te puedo enseñar a ti sobre la feminidad?

Llevaba un tiempo cuestionándome, no sin cierto malestar, sobre esta cuestión, cuando el otro día finalmente me llegó la respuesta. Y así como suele pasar al abrirse a la magia de la Vida, escuché dentro de mí: “Lo femenino no se enseña, no se aprende. Lo femenino se recuerda”.

Y empecé a comprender.

Apoyar para que la transformación que va más allá de la forma actual se vaya dando, pasa por recuperar nuestra energía más yin. Y ésta tiene sus tiempos, sus espacios, sus propias reglas. Poco nos funcionaría pretender que este cambio se dé si seguimos desde premisas de ritmos instantáneos, tendencias lineales o pegoteados forzados por muy lícito que sea el interés por recuperar nuestra feminidad.

Me hago aprendiz de mi propia vida, deseo amar el desequilibrio que actualmente vivo y vivimos entre estos dos polares polarizados. Es así, lo acojo y lo agradezco. Y al mismo, reconozco con claridad cuál es la dirección hacia la que seguir enfocando.

Mi cuerpo, mi intuición, mi Ser y la Madre Tierra me habla y me ayudan a abrir la mirada hacia nuevos escenarios. Es hacia ello hacia lo que vamos danzando. Espacios de reconciliación, empezando por un@ mism@. Abrazo el cambio, como la madre que permite amorosamente en su útero la gestación que se va dando, a tiempo lento, en los ciclos de la luna.

Lo femenino viene al encuentro
La transmutación hacia el reencuentro de nuestro femenino se está dando. Es un hecho. Será lento para nuestra mente patriarcal de ritmos acelerados. Será pesado, complejo y confuso para esos pensamientos teñidos de lo fácil y directo. Será desde la enfermedad, la infertilidad, la desilusión, el malestar y desde las ganas de lo gozoso, la apuesta por el poder sernos también en otras formas y ritmos. Será en cada cual como tenga que ser. Pero lo femenino viene al encuentro. Está sonando de fondo su melodía. Y es hermosa y embriagadora.

Círculos de mujeres, de hombres y círculos mixtos; espacios de sexualidad sagrada; danzas de integración del masculino y el femenino, libros de nuestros arquetipos, de nuestras Diosas que complementan a los Dioses… Recuerdos, recuerdos y más recuerdos de un femenino que siempre estuvo en nosotr@s. Todo ello está ya floreciendo, somos cada vez son más l@s que nos acercamos, l@s que nos nutrimos de esta abundancia. No es solo parte de una ilusión, es una tendencia, y viene a quedarse.

Solo que tiene sus desafíos, el primero quizás es ir más allá de la teoría o el deseo y poder encarnarlo. Es desde la práctica, hacerlo cuerpo, son y voz. Que de nada serviría que te dictaran el listado de los dones femeninos si no los vives, sino lo llevas a tu cotidiano aún con el tremendo reto que esto supone muchas veces: sentir los dolores y placeres ancestrales en tu cuerpo de mujer o de hombre, practicar el vacío fértil, la lenta gestación, la muerte a cada ciclo. Abrirse a la suprema receptividad para que la Vida te penetre y fecunde; saberse estar en lo oscuro, en lo misterioso, en lo insondable, conectarse con la luna y sus mensajes o con la amada Venus en su bajada al infierno para desde ahí renacer.

Para mí en esto está la clave, en el encarnar: hacer piel, curva y vientre lo femenino. ReCORdar desde el volver a pasar por el corazón. Corazón que sangra bombeando en su danza infinita amor y cuidado. Corazón en pelvis, útero sagrado que recuperar en el acoger de lo que ya Es. Corazón que recuerda, que vuelve a latir lo puro que un día decidimos olvidar.

Vuelvo a mis corazones sintientes, habito mi propio femenino agradecida por sus bendiciones. Hoy me recuerdo mujer en unión sagrada de polares que se miran a los ojos, polares que se complementan, polares que se aman.

Escrito por: Paula*
Imagen de: Loreto Contreras
Gracias infinitas a Luchy López y Paloma Todd por ayudarme a recordar.