¿Es el yoga una necesidad?

La tradición de crear necesidades

Me decido a escribir esta reflexión desde la sensibilidad y la incomodidad que me crean estos días de fiestas, comilonas y consumismo exacerbado. luz

Soy de las que el cambio de ciclo y la conexión con lo simbólico lo viven más desde la luna nueva, el solsticio de invierno o la primavera, pero aún así las navidades no pasan desapercibidas para nadie.

Intento entonces observarlas a través de la “conciencia testigo” (con bastante dificultad la verdad), una propuesta yóguica que desarrolla la toma de conciencia sin juicios, apegos ni rechazos.

Lo más significativo para mí de la escucha de estas fiestas pasa por evidenciar la base frágil y ficticia del escenario que nos mueve dentro de un modelo de consumo que, considero, hace tiempo que se nos fue de las manos. “Ser” desde el tener y acumular, forzados varios de caretas maquillando sonrisas, simulacros de palabras sin corazón o negaciones a lo que de verdad siento. Con el añadido, como no, de un sistema de mercado apretujando al máximo la venta, el beneficio y las técnicas variadas para que te decidas desde la instantaneidad y el automatismo por el imprescindible producto: “Compre ya!!”, “No lo dude!!”, “Justo lo que andabas buscando!!”.Y como todo este berenjenal no se puede sostener por sí mismo, hemos ido desarrollando una serie de estrategias desde las cuales autoconvencernos de que toooodo esto es necesario. Que si “Es solo un detallito para mostrar mi cariño”, que si “Es importante mantener las tradiciones”, que si “Este es el último año que como o compro tanto” y un largo etcétera social del que creo tod@s debemos responsabilizarnos.

El yoga (y otros varios) desde la necesidad

No es mi intención compartir aquí más de lo dicho sobre lo que son o dejan de ser las Navidades, lo que sí me interesa mucho es reflexionar en voz ampliada sobre la inclusión del yoga dentro de esta realidad de consumo, superficialidades e inconsciencias variadas.

Realmente me la trae bastante floja si se enfoca este marketing agresivo que nos rodea a convencerte de lo absolutamente necesario que es para tu vida que te compres ese modelo de zapatos o que bebas ese refresco burbujeante que te dará la chispa y la emoción que (de nuevo) tanto necesitas. Pero me parece bastante maquiavélico que, por medios de estrategias bastantes alejadas de Satya (una de las actitudes yóguicas habla del “no mentir”), intenten crearnos la cuasi obligatoriedad de esa terapia, sanación o del mismísimo yoga.

Y soy de las que defienden la importancia de dedicarse espacios de escucha, cuidado y salud, pero me parece que el tema se está girando bastante en los últimos tiempos. Reconozco una combinación muy peligrosa (en la que tod@s caemos en más de una ocasión) que se sustenta en enlazar lo perdid@s que vamos últimamente (crisis de valores e identidad, estrés como norma general, presiones y depresiones por doquier) y la oferta de productos milagrosos.

Productos que, además, tienen más que nunca un potente altavoz, ya no solo por el ametrallamiento y contundencia de los mensajes publicitarios (en la calle, metro, radio, internet…), sino sobretodo, por lo fino y astuto de sus técnicas que van directamente a la herida no escuchada, a los anhelos que nunca confesaste o a esa multiplicidad de miedos inconscientes que tod@s portamos. Qué fácil resulta entonces que te vendan lo imprescindible de una técnica, la terapia que te cambiará la vida en tres horas o la sesión con la que no tendrás que volver a reencarnarte ni sufrir nunca más.

El yoga que no necesito (y que no quiero ofrecer)

De mi amadísimo yoga puedo reconocer mucho de lo que ya me sobra, como esa pastillita que me hace dependiente de una determinada clase, estilo o profesor. O vivir esta práctica como parcheo: ese rato que me relaja para estar dos minutos después, sin ningún tipo de integración, creando los mismos condicionantes que conllevan abusos y forzados hacia mí misma y hacia lo que me rodea.

Dejó de ser importante para mí un posturismo que agreda al cuerpo y engorde patrones mentales de apariencias y logros. Y permito dejar fuera todo aquello que yo no me libera del yoga, tal y como relataba hace un tiempo en este artículo.

Y lo que es más absolutamente innecesario para mí es el fomento, desde el yoga, de un ego que se agarra a lo espiritual para no asumir el sitio centrado que le corresponde. Saco fuera entonces disfraces de yoguinis, moralismos sobre cómo debiera comer, posicionarme, hablar o sentir. Cualquier cosa que atente contra la conciencia y escucha de la individualidad que me conforma.universo

De hecho me arriesgo a decir que, más allá incluso del entendimiento inadecuado de esta ciencia, no considero que el yoga sea una necesidad.

Y bien es cierto que como profesora de yoga me estoy tirando piedras contra mi propio tejado, que cualquier consultor empresarial o especialista en marketing me prohibiría publicar este artículo. Pero te aseguro que me genera mucha más paz el hecho de ser sincera y reconocer que ni el yoga es la mejor de las técnicas habidas, ni es imprescindible para una vida consciente e íntegra, ni es un requisito ir a clases de yoga para ser mejor persona.

El yoga necesario (una opinión)

Y pese a todo lo dicho, mi experiencia de estos años en compañía del yoga pasa por un recordatorio muy sincero de éste sobre lo que realmente necesito.

Asumo que, como animal dependiente que soy, tengo una serie de necesidades, las cuales intento hacer más auténticas día a día. Vivo entonces esta práctica como un marco acogedor y flexible que me ayuda a entender lo indispensable que es para mí el equilibrio cotidiano entre la voluntad y la rendición, ingredientes como la conciencia y la confianza o el sentirme conectada (conmigo, con el entorno y con mi Ser). No concibo ya mi vida sin esos momentos en donde me priorizo más allá de todos los “debieras”, los “qué dirán” o las urgencias de la agenda. Espacios abiertos a una meditación e interiorización que apoyan el despertar de mi esencia.

Experiencias todas ellas que están dentro de mí y que esta ciencia milenaria me enfoca, evidencia y recuerda con el aporte de sus herramientas, pero sobretodo con su melodía de fondo. El yoga como reencuentro conmigo misma, dentro incluso de la tormenta, con esas bendiciones cargadas de equilibrio y paz que fácilmente revierten luego en el exterior.

Yo necesito una forma de estar en el mundo que tenga que ver con todos estos colores. Y me considero una persona afortunada, pues el yoga, con toda su humildad, generosidad y sabiduría, me lo ofrece.

Todo lo demás, la verdad, me sobra.

Escrito por: Paula Vives Entrena

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