Mujer viva

Me pregunto tantas veces cual debiera ser mi condición por saberme mujer. Cuánta destreza darse por la realidad de mi sexo, mis pechos, mis ciclos y mi voz.juliaro paloma ilustrada

Vivo, respiro y me muevo. Es casi lo único que tengo claro en esta amalgama de cuestionamientos que me asaltan cada mañana, antes incluso, de abrir mis ojos al mundo.

Y el mundo, que a veces me atiende y a veces me escupe a la cara. Reproches interiorizados que desequilibran la necesidad y el anhelo de quedarme quieta… y descansar en mi femenino. Acogedor y sagrado femenino.

Taladran las órdenes del hacer, conseguir, aparentar, agradar. Controles caóticos con la fantasía de que en ello podré ordenarme, peinarme y complacer. Y así sentirme amada.

¿Amar?… ¿Amor?… ¿Por quién? ¿Por cuánto? ¿Por qué?

El pedido no es gran cosa, pero se nos hace carga pesada a las mujeres que pretendemos (¿ilusas quizás?) la adaptación y disfrute a nuestra realidad más pura.

La sinceridad de esta búsqueda camina hacia el integrar de las incertidumbres. Aquellas que conllevan nuestros cantos de vida y muerte; presiones y expansiones; hechizos, dramas y cuentos que nunca llegan a un final.

Porque en la espiral no existen los finales.

Danza de giros que nos encuentran a las mujeres. Profundidad y trascendencia de una telaraña en lunas que alimenta nuestros poemas. Mientras, de fondo, aúllan silencios y dolores en el cobijo de la oscuridad. Intimidad que comprende. Cuenco de naturaleza fértil, verde y dorada. Expresión que libera.

Ex – preso: ex – presa.

Abro las puertas de mi jaula. Me perdono por las cárceles en donde aún sigo aprisionándome. Reconozco el tropel de miedos, torturas y demencias saliéndome de mis entrañas, de mis palabras. Y desde ello, bendecida, despliego raíces y alas.

Viva. Estoy viva.
Mujer. Soy mujer.