¿Qué son los Círculos de Mujeres?

La sencillez y la potencia del círculo

Me gusta pensar que los círculos se definen a sí mismos: una experiencia a compartir entre mujeres, en donde cada encuentro es único y conmovedor, pues, sin duda, se mueven muchas cosas en estos espacios. Se dan en un ambiente protegido desde una energía femenina de acogida, cuidado y escucha.

Suceden de una forma muy simple, sin zapatos y sentadas en el suelo formamos esta figura simbólica que nos permite mirarnos las unas a las otras a los ojos. Nos encontrarnos, nos reconocernos, nos escuchamos, nos sabemos parte de una unidad aunque sea la primera vez que nos veamos. Damos espacio a las emociones. Nos liberamos de máscaras y personajes.

Como dice Jean Shinoda Bolen (*): “El círculo es una forma arquetípica que resulta familiar a la psique de la mayoría de las mujeres, pues es personal e igualitario, en él surge un acercamiento emocional y una relación mucho menos jerarquizada”.

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Lo que sostiene el círculo

A través de esta cualidad circular, se genera un movimiento de espiral que ayuda a profundizar. Y desde este bucear y encuentro con lo acogedor de la tierra nutricia, se dan a veces momentos que conectan con lo transcendente: una chispa de intuición que libera de cargas pasadas, un ajuste interno que aporta más dulzura hacia una misma, una toma de conciencia de tu femenino negado o una sensibilidad que te enlaza con tu yo más profundo.

En el centro del círculo colocamos un mantel que hace la función de altar recibiendo los cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego. Y un quinto elemento se le une siempre representando la temática que nos acompañará durante estas tres horas.

Estos elementos buscan generar una reconexión con nuestra corporeidad: la naturaleza que envuelve y somos, lo circular recordatorio de lo cíclico y otras realidades de ser mujer que tan fácilmente olvidamos: nuestro útero y su energía acogedora, lo sagrado y sabio del cuerpo o nuestra capacidad – física y sutil – de escucha, gestación y nutrición.

Recogiendo de nuevo las palabras de J.S. Bolen: “Cada mujer va generando un sentimiento de conexión con el centro intuitivo y subjetivo. Desde el silencio, desde la meditación, la visualización cada mujer entra en contacto con su propio centro y con el centro del círculo sintiéndose parte de una rueda invisible y conectada a todas las componentes del círculo a través de su centro. Esto hace del círculo un lugar sagrado y lo que hace a las mujeres que lo constituyen sentirse como en casa, aunque fueran unas extrañas al principio”  

El “estar” en círculo

De lo que yo he podido ir ofreciendo en la experiencia de Círculos de Mujeres en Barcelona  (clica aquí para ver el próximo encuentro) durante estos seis años (*) queda ahora – aún con su capacidad de evolución – en una especie de tradición, de ritual que se respeta y nos aúna desde su repetir:

Empezamos centrando con una meditación, para llegar, para respirarnos. Luego nos presentamos con el “yo soy”, nombramos a nuestro linaje y damos a conocer el objeto que cada cual ha elegido en relación simbólica al tema propuesto.

Son muchas ya las temáticas sobre las que hemos reflexionado: “Lo femenino”, “Ser mujer”, “Mi mamá me mima”, “Yo creo” (sobre creencias y creaciones), “Los latidos del útero”, “Los ciclos de la luna” (sobre el ciclo menstrual), “Madre tierra”, etc.

Lo que podríamos llamar la metodología de los círculos se basa mucho en la expresión hablada: desde un compartir sincero, la escucha en respeto y silencio, la reflexión conjunta, etc.

Como profesora de yoga también hago uso de muchas de sus herramientas: conciencia corporal y respiratoria, relajación, meditaciones, etc. Invito también al conectar con lo corporal desde el darnos cuenta y el disfrute de nuestro cuerpo de mujer en danzas y movimientos libres, masajes, apertura de espacios, creatividad corporal, etc.

También es muy interesante cuando utilizamos la poesía, el dibujo, la voz o lecturas inspiradoras. A veces por ejemplo hemos bailado un texto de un libro o un poema en relación, para permitir desde ahí que surja un dibujo que habla de algo más auténtico de nosotras mismas.

La única norma que siempre se debe mantener en los círculos es el compromiso a la confidencialidad. Nada de lo que se comparta allí debe sacarse al exterior. Este es, a mi entender una clave para que se pueda llegar a ese nivel de confianza que ayuda a la expresión de lo que compartimos de manera tan honesta y profunda.

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Las mujeres en círculos

Sin duda el elemento clave de estos espacios somos las propias mujeres en actitud de entrega, en disposición de encontrarnos con otras de forma sincera. Hecho que es en realidad la apuesta por encontrarse con una misma, algo que puede parecer muy obvio pero en la práctica, os aseguro, es una gran aventura.

Me gusta pensar que las mujeres, en estos espacios, estamos en cuerpo, pero sobre todo en Alma. Alma que generalmente debemos esconder y salvaguardar en la vorágine de nuestro cotidiano detrás de logros, tiempos forzados y otras máscaras que, aunque útiles en ciertos casos, pueden terminar por ahogarnos.

Un círculo de mujeres es un aire fresco que renueva lo auténtico de nosotras, permitiéndonos ver lo que hay en ese momento sin juzgarlo, ya sea en oscuro, luminoso o multicolor.

Así, en este espacio protegido tenemos la oportunidad de descubrirnos, de abrir nuestra sensibilidad, de quitarnos lo que cubre y liberarnos de lo que nos pesa y ata. Nos ayuda a crear una mirada que genera hermandad y apoyo, lo que permite acoger las vivencias de otras mujeres aunque sean dolorosas, pues no damos pie al juicio o al resolver de las situaciones que allí se expresan, sencillamente escuchamos, sostenemos, acompañamos.

No se trata por tanto de enseñar ni aprender nada como tal, no hay que tratar de solucionar lo que le pase a la otra, ni siquiera tenemos que llegar a ningún lugar específico, pues no hay meta ni fin concreto desde el círculo. El movimiento sincero que allí vayamos generando, desde un descartar cualquier conclusión predeterminada o delimitante, es el que lleva a lo terapéutico del círculo.

Y hay muchos aprendizajes, pero siempre se dan desde una misma. Estos se reconocen a veces por escuchar una experiencia similar a la tuya pero afrontada de otra manera, o por un resonar que te pone la piel de gallina o, en ocasiones de repente, hay un “click” y se reacomoda algo dentro, puede incluso sin entenderlo a nivel racional.

Y en esos instantes, sin receta precocinada ni técnica específica, reconoces que ha habido una pequeña sanación de esa herida que tod@s llevamos en nuestro femenino.

Escrito por: Paula Vives Entrena

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(*) Hay muchos estilos de círculos, los que yo facilito actualmente en Barcelona han contado con la ayuda esencial de otras mujeres y tradiciones. Un aporte fundamental para dar el salto a crear estos encuentros fue el hermosísimo taller que ofreció Sophia Style de “Reconexión con el ciclo menstrual”. También es una fuente increíble de inspiración para mí el trabajo de reconocimiento de lo femenino a través de la danza, los arquetipos, el honrar el linaje y el disfrute de decir “Sí a la Vida” de Luchy López.

Participar en los espacios que estas dos bellas mujeres ofrecen es experiencia que recomiendo a cualquier mujer.

Un libro que fue y es mi referencia es el de Jean Shinoda Bolen, titulado “El millonésimo círculo”. Y un manual clave en mi opinión es el libro “Ser Mujer, un viaje heroico” de Maureen Murdock. Lectura que recomiendo si te atreves a entrar en la aventura de tu reconocerte, valorar y potenciar desde tu Ser Mujer.

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